sábado, 23 de marzo de 2013

Una armoniosa Babel

Cuando llegué a París para participar en el Coloquio Internacional de la OMMI, diversas sensaciones se entremezclaban y se hacían presentes.
No tenía dudas sobre cómo sería recibido por los Hermanos, porque de sobra había recibido, durante mi pertenencia a la Orden, muestras de afecto y fraternidad de su parte.
Las dudas eran otras, y de otro tipo. ¿Me acordaría de los retejamientos? ¿Podría dar la palabra universal sin que los nervios me traicionaran? ¿Encontraría tiempo para visitar Jules Bretón?
Con todas esas preguntas dándome vueltas, finalmente llegó el día de la inauguración del Convento.
Enarbolando mi pasaporte con los pagos anuales estratégicamente a la vista, fui interceptado por un hermano, que en ese momento se me apareció como enorme, quien me solicitó, imperiosa y parcamente, le dijera en el oído la necesaria contraseña.
Al escuchar mi respuesta, su cara se iluminó con una sonrisa traviesa, y colocando su cuerpo a un lado del mío, para desbloquear el paso, con un ademán amistoso me instó a que siguiera mi camino.
Con la sensación de haber atravesado indemne las columnas de Hércules, reconocí a un sinnúmero de Hermanos y Hermanas latinoamericanos, con quienes había compartido algunas ceremonias y el Coloquio Latinoamericano de Colombia.
Uruguayos, bolivianos, paraguayos, ecuatorianos, chilenos, peruanos que junto a nosotros, la delegación argentina, bromeábamos y reíamos felices de estar otra vez juntos compartiendo la tarea.
No pude dejar de pensar en la generosidad de la Orden y del país que nos cobijaba, siempre solidario y fraterno con la eterna diáspora de aquellos que habían tenido que salir de su patria en busca de libertad.
Pero este era un momento pleno de emociones positivas. Mientras me ubicaba y reconocía voces e idiomas que hasta ese momento no me resultaban familiares, estaba por comenzar la tenida de apertura del Convento.
Y en ese momento, al empezar el Tiempo Sagrado, el ritual, armónico y justo, al mismo tiempo que ordenaba los desplazamientos físicos de los Hermanos y Hermanas nos envolvía a todos en un sentido profundo de pertenencia a una Orden Masónica, tan antigua como vigente y tan innovadora como tradicional.
La Muy Respetable Gran Maestre abriendo los trabajos en español y el Primer Vigilante respondiendo en ese mismo idioma indicaba que la creencia en la potencialidad del continente de la cual formo parte era muy grande, y que el Derecho Humano podía crecer y expandirse con su ideario de Fraternidad y Justicia, aquí, justamente donde a veces por largos períodos hemos carecido de ellas.
Luego vendría el trabajo en comisiones, las deliberaciones apasionadas, extensas, controvertidas y siempre respetuosas.
La comprobación de que la democracia era una práctica cotidiana con la cual se podían zanjar las diferencias naturales entre los hombres y no una forma de manipulación política.
Fueron tres días que me parecieron eternos, que me cansaron y que nunca quise que terminaran.
Con la elección de nuestra nueva Gran Maestre, se clausuró la formalidad de nuestro quehacer. Más allá de la cantidad de direcciones, teléfonos y e-mail que cada uno de nosotros se llevó como testimonio de las nuevas relaciones, dejando de lado los encuentros programados a futuro en las diversas ceremonias de las Jurisdicciones y Federaciones a las cuales pertenecemos, hay una cuestión incontrastable.
La cadena de la OMMI se extiende, solidaria, fraterna y activa por todo el mundo y nosotros, como integrantes de la misma, somos los llamados a ponerla en marcha, incrementarla y hacerla cada vez más conocida y respetada por todos aquellos que desean abrazar las causas justas, en un marco iniciático y simbólico.
Luego de terminada la tarea, me despedí con un fuerte abrazo de los Hermanos que oficiaron de custodios externos del Convento, cuidando que nadie ajeno a la orden pudiera participar en el mismo.
Desde varios días atrás habían dejado de resultarme atemorizantes.

Luis Alberto Acebal
Delegado S:. C:. Jurisdicción Argentina

Fuente del texto: Boletín Internacional de la OMMI Le Droit Humain - El Derecho Humano, Nº 37. Edición especial sobre el Convento de 2012.